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sábado, enero 07, 2012

Recibí comentarios a la obra.

Luego pensé que debía reproducirlos acá.

No pedí autorización para hacerlos públicos, así que mantendré en el anonimato al remitente (hasta que así lo decida la persona que me escribió).


Estimado Andrés, 
Primero, mis disculpas por la demora en escribirle mis comentarios sobre su libro La Sociedad Karaoke.  
Lo terminé de leer a las pocas semanas, por suerte siempre acostumbro a resaltar las ideas que considero más importantes y eso me ha servido para recordar y escribirle mi opinión. En realidad, su obra me pareció, en una sola palabra, NECESARIA. 
Su teoría de que los medios marcan las pistas de las canciones que tararea la sociedad me pareció una propuesta interesante, pero discutible en la medida en que yo pienso que los medios se alimentan de la sociedad y viceversa, en un ciclo que no termina, pero que sí evoluciona según el modo en que las sociedades también lo hacen.  
En este sentido, lo más que gustó fue la discusión interna (primero negación y luego grandes cuestionamientos) y el posterior análisis y reflexión en que me involucré a medida que leía su obra.  
Fue enriquecedor transportarme mentalmente al mundo de la publicidad para entender que es un principio que aplicamos todos los seres humanos en nuestras vidas diarias, seguramente sin darnos cuenta ni con la misma metodología que aplican los profesionales, pero sí con la misma intención y algunos, incluso, con mala intención. Por eso es que la publicidad, como usted recalca, no tiene nada que ver con lo creible y la verdad. 
Su obra aporta en lo académico, sociológico y científico. Nos ofrece una visión que puede explicar por qué actuamos como actuamos y preguntarnos ¿por qué somos así? 
Usted argumenta algunas razones (desde lo sociológico), pero lo mejor no es aceptarlas sino hacer el ejercicio de pensar si sus razones son las mías; si hago ese ejercicio -que de seguro no lo harán muchos- llegaré a mis propias razones y así podría cantar mi propia canción y no, simplemente, tararear las pistas de una sociedad karaoke.

Luego sus saludos y mis gracias.

jueves, enero 05, 2012

Estudiaba periodismo en la Laica.

Estaba en mi primer trabajo formal, como cajero de banco. Y recibí la llamada de parte de don Xavier.  De hecho, mi jefa me dijo "de parte de un tal Xavier de Ecuavisa, contesta pero que no te vuelvan a llamar en horas de oficina".

La conversación fue corta.  La relación que se construyó fue provechosa... y larga.

Empecé enseguida.  Asistente del asistente del productor del noticiero de las 7am.  Mi primer jefe y un gran maestro, Carlos Castañeda.  Y jefe de ambos, Oscar Zuloaga.

Estudiaba y trabajaba en las noches.  Dormía en el día.

Eran tiempos de Roberto Aspiazu al mediodía.  De Pilar Aguirre y Rafael Cuesta en la mañana.

Tiempos de cámara, cassettera, luces y cables.

Recuerdo las conversaciones en las editoras con Tania Tinoco, Andrés López y Teresa Arboleda...resolviendo el Ecuador y mis inquietudes filosóficas.  Editando en 3/4.

Fueron momentos para  aprender de María Isabel de Lebed, don Alfonso, Alberto Borges.

Aprender iluminación en estudio con Ismael.  Aprender de cámaras con los Pazos.

De graficar las notas leídas con slides, sacados del archivo en una cajonera de madera.

De dormir en el sillón del pasillo.  Compartir madrugadas editando con Carolina Andrade.

Tantos nombres y sé que soy ingrato al no mencionar a todos.

Estudié periodismo.  Lo ejercí.  En Ecuavisa, Teleamazonas, Canal Cuatro (hoy RTS), en una productora con Roberto Aspiazu, Gloria Gallardo y Vito Muñoz.

Y un día me cambié al negocio de las relaciones públicas.  Que no es lo mismo, pero es igual cuando son enfocadas profesionalmente.

Kapuscinski decía que el periodismo era una misión, no una vocación.  Lo aprendí después.  Es cierto.

Hoy es el Día del Periodista Ecuatoriano y, con nostalgia -confieso- volví las memorias a los primeros años en Ecuavisa.  Muchos maestros y maestras.

A todos ellos, y todos ustedes -periodistas, conductores, productores, camarógrafos, asistentes, choferes- gracias.