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| Santiago Zeas escribe esta nota en El Comercio. Participamos con ideas. |
lunes, febrero 06, 2012
sábado, enero 14, 2012
viernes, enero 13, 2012
jueves, enero 12, 2012
miércoles, enero 11, 2012
martes, enero 10, 2012
sábado, enero 07, 2012
Luego pensé que debía reproducirlos acá.
No pedí autorización para hacerlos públicos, así que mantendré en el anonimato al remitente (hasta que así lo decida la persona que me escribió).
Estimado Andrés,
Primero, mis disculpas por la demora en escribirle mis comentarios sobre su libro La Sociedad Karaoke.
Lo terminé de leer a las pocas semanas, por suerte siempre acostumbro a resaltar las ideas que considero más importantes y eso me ha servido para recordar y escribirle mi opinión. En realidad, su obra me pareció, en una sola palabra, NECESARIA.
Su teoría de que los medios marcan las pistas de las canciones que tararea la sociedad me pareció una propuesta interesante, pero discutible en la medida en que yo pienso que los medios se alimentan de la sociedad y viceversa, en un ciclo que no termina, pero que sí evoluciona según el modo en que las sociedades también lo hacen.
En este sentido, lo más que gustó fue la discusión interna (primero negación y luego grandes cuestionamientos) y el posterior análisis y reflexión en que me involucré a medida que leía su obra.
Fue enriquecedor transportarme mentalmente al mundo de la publicidad para entender que es un principio que aplicamos todos los seres humanos en nuestras vidas diarias, seguramente sin darnos cuenta ni con la misma metodología que aplican los profesionales, pero sí con la misma intención y algunos, incluso, con mala intención. Por eso es que la publicidad, como usted recalca, no tiene nada que ver con lo creible y la verdad.
Su obra aporta en lo académico, sociológico y científico. Nos ofrece una visión que puede explicar por qué actuamos como actuamos y preguntarnos ¿por qué somos así?
Usted argumenta algunas razones (desde lo sociológico), pero lo mejor no es aceptarlas sino hacer el ejercicio de pensar si sus razones son las mías; si hago ese ejercicio -que de seguro no lo harán muchos- llegaré a mis propias razones y así podría cantar mi propia canción y no, simplemente, tararear las pistas de una sociedad karaoke.
jueves, enero 05, 2012
Estaba en mi primer trabajo formal, como cajero de banco. Y recibí la llamada de parte de don Xavier. De hecho, mi jefa me dijo "de parte de un tal Xavier de Ecuavisa, contesta pero que no te vuelvan a llamar en horas de oficina".
La conversación fue corta. La relación que se construyó fue provechosa... y larga.
Empecé enseguida. Asistente del asistente del productor del noticiero de las 7am. Mi primer jefe y un gran maestro, Carlos Castañeda. Y jefe de ambos, Oscar Zuloaga.
Estudiaba y trabajaba en las noches. Dormía en el día.
Eran tiempos de Roberto Aspiazu al mediodía. De Pilar Aguirre y Rafael Cuesta en la mañana.
Tiempos de cámara, cassettera, luces y cables.
Recuerdo las conversaciones en las editoras con Tania Tinoco, Andrés López y Teresa Arboleda...resolviendo el Ecuador y mis inquietudes filosóficas. Editando en 3/4.
Fueron momentos para aprender de María Isabel de Lebed, don Alfonso, Alberto Borges.
Aprender iluminación en estudio con Ismael. Aprender de cámaras con los Pazos.
De graficar las notas leídas con slides, sacados del archivo en una cajonera de madera.
De dormir en el sillón del pasillo. Compartir madrugadas editando con Carolina Andrade.
Tantos nombres y sé que soy ingrato al no mencionar a todos.
Estudié periodismo. Lo ejercí. En Ecuavisa, Teleamazonas, Canal Cuatro (hoy RTS), en una productora con Roberto Aspiazu, Gloria Gallardo y Vito Muñoz.
Y un día me cambié al negocio de las relaciones públicas. Que no es lo mismo, pero es igual cuando son enfocadas profesionalmente.
Kapuscinski decía que el periodismo era una misión, no una vocación. Lo aprendí después. Es cierto.
Hoy es el Día del Periodista Ecuatoriano y, con nostalgia -confieso- volví las memorias a los primeros años en Ecuavisa. Muchos maestros y maestras.
A todos ellos, y todos ustedes -periodistas, conductores, productores, camarógrafos, asistentes, choferes- gracias.
miércoles, enero 04, 2012
como está publicado en la revista digital ACTÚA
Aquí: http://trendwatching.com/es/trends/12trends2012/
Aquí: http://actuaverde.blogspot.com/2011_01_09_archive.html
domingo, noviembre 06, 2011
viernes, agosto 19, 2011
martes, marzo 15, 2011
Las teorías de La Sociedad Karaoke y El marketing ya es de Todos, juntas en una charla.
viernes, octubre 15, 2010
lunes, diciembre 28, 2009
El Gobierno, con la ley, busca el control de los contenidos
Entrevista a Andrés Seminario
Experto en publicidad y marketing
Publicada en El Comercio
http://ww1.elcomercio.com/noticiaEC.asp?id_noticia=324905&id_seccion=348
Redacción Guayaquil
Una Ley de Comunicación que ha generado tanta crítica, cuestionamiento y debate, ¿se puede decir que es una ley mal promocionada?
No. La campaña fue interesante y buena, pero se olvidaron de lo más importante, que fue preguntar a la gente si creía que el Ecuador necesitaba una ley de esa naturaleza. Segundo, ya escarbando, se olvidaron de la premisa básica de que la mejor publicidad no salva al peor de los productos.
¿POR QUÉ ESTÁ AQUÍ?
Su experiencia. Guayaquileño, de 45 años. Cuatro hijos. Estudios de periodismo, publicidad y una maestría obtenida en relaciones públicas en España. Presidente de Actúa Verde, consultora especializada en comunicación y ‘marketing’ con enfoque social y ambiental.
¿Qué significa ello?
En este caso en particular, en el camino comenzaron a salir demasiadas aristas que minaron el posicionamiento original que tenía la ley.
Creo que cuando esta norma nació, en su concepción pública y no política, lo hizo con más beneficios que perjuicios. La gente, al principio, la percibió bien, porque, entre otras razones, venía de la mano de la credibilidad del presidente Correa. En el camino y con los formatos que se ha dado al tratamiento de la ley, esos beneficios se han reducido y más bien los perjuicios, entre comillas y en el sentido más amplio de la palabra, vienen destacando y eso genera suspicacias.
Es un producto que no toma en cuenta a un ‘consumidor’ o beneficiario final como sería la ciudadanía.
De hecho, creo que esta argumentación de defender a la ciudadanía de verdades incómodas es un derecho que no tiene ni el Gobierno ni los medios ni la ciudadanía, agrupada en una ONG o en una sociedad. En ese punto, en particular, el equilibrio ya se da cuando en Ecuador tenemos medios privados y medios del Estado. Esto es suficiente. Si quiero informarme de la versión oficial escucho la cadena de los sábados o veo los canales, oigo las radios o la televisión oficiales. En el pasado eso estaba desbalanceado. No había tantos medios. Hoy el Gobierno teniendo un nivel altísimo de televidencia creo que ya equilibró el partido y no necesitaba una Ley de Comunicación.
Usted habló de otra debilidad en la campaña de promoción de la ley. ¿Cuál fue?
Ellos se plantearon la estrategia de que el miedo es el mensaje, pero, hoy, cuando ya toman actitudes como la de Teleamazonas (el cierre de tres días) ya no es cuestión de tener miedo.
Ahora, eso se convierte más bien en un búmeran porque la gente reacciona. Una cosa es decir te voy a castigar, voy a crear una ley y un consejo para castigar y otra cosa es efectivamente hacerlo. Entonces, no se necesitan consejos, comités ni leyes, si ya el hecho está sacramentado. Creo que eso también le genera una debilidad al proceso de discusión de la ley.
¿Qué pasará tras la suspensión de Teleamazonas?
Si fuese en otro momento del año, creo que esto le costaría muchos puntos de popularidad al Presidente, pero fue en Navidad. Fue escandaloso, luego fue menos escandaloso y no pasó nada, mas allá de Teleamazonas quejándose o de algunos aspirantes a candidatos políticos quejándose. Pero los precedentes que sienta ya son otra historia. Nefasto.
Claramente se indica allí cuál es el objeto de la Ley de Comunicación, porque en esencia traduce la aspiración del Gobierno de controlar contenidos. Y ¿por qué quiere controlar contenidos? Porque así controla la opinión publica y ahí está por encima de la ley. Es decir, tener más poder.
Todo se reduce a un juego de poder.
Usted no es partidario que exista un Consejo de Medios, ¿por qué?
No debe conformarse. No importa si es del Gobierno, de la empresa privada, de la sociedad civil, de una ONG, de la iglesia, de los indígenas, de los montubios o de cualquier persona. Cualquier consejo que tenga la potestad de clausurar un medio tiene el poder suficiente como para decir yo impongo mi agenda.
¿El mejor Consejo de Medios es el que no existe?
Yo le temo más a la censura de un consumidor que a la censura de cualquier ente. El día de mañana hay un boicot en contra del diario X y la gente deja de comprarlo. Ese diario tiene sus días contados. Creo que esa es una manera interesante de cómo se regula el sistema.
Entonces, ¿qué le tocaría hacer al Gobierno, a los medios y a la sociedad?
Está bien que haya una Superintendencia que regule los espectros, que diga: haber señores, ustedes han comprado los derechos de uso de esta marca, de este espectro, van a transmitir en este horario bajo este formato y estas son las reglas de juego.
¿Qué más rescata?
La profesionalización de quien genera la difusión de la noticia.
La comunicación ha llegado a una instancia tan importante que su proceso de análisis y de transmisión de información debiera ser profesional. Información es una cosa, opinión es otra.
Le toca al Ejecutivo ver las reglas, pero una vez establecidas debe abrirse. Entonces, los medios deben cumplirlas, pero no solo deben voltear a ver al Estado, sino también a su audiencia, a sus lectores, a sus oyentes para que le digan qué quieren escuchar, ver o sobre qué debo informar.





